martes, 31 de agosto de 2010

NIÑOS SANTOS


Papá me ha enseñado una noticia que le ha gustado. Al leerla he pensado ponerla en el blog, también a mi me ha gustado mucho.Nennolina, una niña italiana de 6 años, va camino de convertirse en la santa más joven de la Iglesia

Se llamaba Antonietta Meo, aunque coloquialmente era conocida como Nennolina. Tan sólo tenía seis años y medio cuando murió en Roma de un tumor en 1937, pero inmediatamente a su muerte se suceden una catarata de conversiones y gracias que propicia el interés de una buena parte de Italia.

A los pocos meses se escriben reportajes, artículos de opinión y biografías que se traduciran a varios idiomas. Su fama de santidad se extiende a otras partes del mundo. Concluída, ya hace años, la fase diocesana del proceso de beatificación, la Iglesia podría hacerla santa muy pronto.

Si así fuera, Nennolina se convertiría en la santa más joven, no mártir, de la Historia de la Iglesia. Todo un acontecimiento que podría, además, revolucionar el debate emprendido por el Papa Pío X, y avivado últimamente por el cardenal Cañizares y el propio Benedicto XVI, sobre la conveniencia de adelantar la primera comunión de la niños a los seis años, invocando preservar la inocencia de los niños. Ya lo decía san Pío X: «¡Habrá santos entre los niños!».

Nennolina nace en Roma el 15 de diciembre de 1930 en una familia burguesa. Su hermana mayor, Margherita, que todavía vive en la casa familiar, cuenta a la revista 30 Giorni que «Nennolina era una niña alegre, inquieta y traviesa. Iba de buena gana a la guardería de monjas cerca de casa e, incluso, en cierta ocasión me llegó a decir: `¡yo en la escuela me divierto mucho... hasta iría de noche!´

A los cinco años le diagnostican la enfermedad: osteosarcoma, y meses después, en abril de 1936, le amputan la pierna. Los padres de la niña ven conveniente –tras constatar el desarrollo de la enfermedad–, adelantar la primera comunión de Nennolina, encontrando en las monjas del colegio unas colaboradoras comprensivas.


La madre comienza a enseñarle un poco de Catecismo todas las noches, y la hija, en plan de juego, dicta cartas a su mamá, colocándolas en su mesiila de noche, debajo de la estatuilla del Niño Jesús «para que Él viniera de noche a leerlas».

La primera carta es del 15 de septiembre de 1936: «Querido Jesús, hoy voy de paseo y voy a mis monjas y les digo que quiero hacer la primera comunión en Navidad. Jesús ven pronto a mi corazón que yo te abrazaré muy fuerte y te besaré. Oh, Jesús, quiero que te quedes siempre en mi corazón».

Días después dicta otra carta a su madre: «Querido Jesús, yo te quiero mucho, te lo quiero repetir que te quiero mucho. Yo te ofrezco mi corazón. Querida Virgen, tú eres muy buena, toma mi corazón y llévaselo a Jesús».

Nennolina, sin saberlo, se convertiría en una apóstol de la gracia: «Hoy he sido algo caprichosa, pero tú Jesús bueno, toma en brazos a tu niña...». En otra ocasión dictará a su madre: «Tú ayúdame que sin tu ayuda no puedo hacer nada» o «tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia nada puedo hacer. Te lo ruego, Jesús bueno, consérvame siempre la gracia del alma».

Con sólo seis años dictaba lo siguiente: «Mi buen Jesús, dame almas, dame muchas, te lo pido de verdad, te lo pido para que hagas que sean buenas y puedan ir contigo al Paraíso». Otros días, decía: «Te rezo por aquel hombre que ha hecho tanto daño»; «te rezo por aquel pecador que ya sabes, que es tan viejo y que está en el hospital de San Juan».

A su muerte deja más de cien cartas dedicadas a Jesús, a María, a Dios Padre, al Espíritu Santo, a santa Inés y a Teresita del Niño Jesús, que conmueven a sus futuros lectores y acrecientan aún más su fama de santidad.

En 1942 se abrirá el proceso de beatificación en el que se incluirán los testimonios de las personas que le asistieron en los últimos meses de su enfermedad, y que declararon la serenidad y sacrificio con que Nennolina asumió los dolores de la enfermedad, ofreciéndolos siempre por Jesús.

¿Una niña tan pequeña puede ser santa?
Ésta es la pregunta que se han hecho muchos: De alguna manera, a lo largo de la Historia de la Iglesia se había considerado que hasta que un niño no alcanzara la edad de la razón (siete años), no podría tener aptitudes tan altas para la santidad. No había ninguna ley canónica que determinara la edad límite de todos aquellos a los que se pretendía beatificar, pero pesaba una cierta nebulosa negativa que no hacía factible ser receptivo a considerar posibles «niños santos».

 
Sin embargo, en 1981, una declaración de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dejaba claro que la Iglesia reconoce que «también los niños pueden realizar acciones heroicas de fe, esperanza y caridad, y por consiguiente pueden ser elevados a los altares».
(Religionenlibertad.com)

3 comentarios:

  1. Un gran ejemplo TOTE, pero para chicos y también para todos nosotros,los que nos creemos grandes y no lo somos tanto.
    Me gusta que te gusten y estimulen historias como estas..., empujan a ser mejores en todo.
    UN GRAN ABRAZO, QUERIDO AMIGO.

    ResponderEliminar
  2. Todos estamos llamados a ser Santos ¿por qué no los niños?,más aún con su inocencia y su dulzura, ¡que amor más puro le pueden ofrecer a Jesús! es un gran ejemplo el que nos traes, un ejemplo que nos debería alentar a todos a querer ser fuertes y perseverar en nuestro camino a la santidad. Un abrazo Tote.

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado la información ignoraba muchas de las cosas que aquí se dicen.
    Gracias Tote!

    ResponderEliminar